Ayer comenzó el Camp Nanowrimo, un desafío al que se unen muchas personas alrededor del mundo para escribir una novela (más o menos completa) en un mes. Cada año suelo sumarme algún grupo para cumplir con el objetivo. Y cuando una se encuentra en un grupo muy diverso de personas que tienen una pasión en común, en ese momento se cuenta de que cada una aborda el mismo oficio de distintas maneras. Y esto va más allá de los gustos, en realidad, suele tener más influencia la costumbre y la disponibilidad de recursos. Así mismo, cuando se trata del trabajo creativo, habrá quienes prefieran el silencio para explayarse mejor (y con justo motivo), pero también están quienes pueden crear en medio del caos, entre ladridos y llamadas telefónicas. Y no faltan los que escuchan música, desde suaves melodías ambientales hasta el djent de Meshuggah. ¿Pero cuál de estos estilos de trabajo conviene más al cerebro?

Cada área que requiera un esfuerzo creativo, se llame ciencia, arte u oficio, tiene sus propias reglas de trabajo. La ciencia exige método, el arte prefiere la estética y la emotividad, mientras que el oficio necesita alcanzar la utilidad y la practicidad. Y porque los objetivos son varios, también los caminos son diversos. Será un poco complicado llevar un proyecto de investigación sin tener en cuenta el orden, y en el otro extremo es poco probable que se pueda construir una casa sin disparar unos cuantos decibeles.
Así que primero debemos establecer que, entre la amplia variedad de tareas creativas, me concentraré en la que están más cerca de mi campo, las que requieren procesos lingüísticos y lógicos: investigación, cálculo, análisis, redacción, etc. Aquí entran ciertos tipos de ciencias, artes y algunos pocos oficios también. En todo caso, es más fácil definirlos por lo que todos requieren: concentración.
La concentración, o quizá sea mejor usar el término más neurológico, la atención, es un elemento básico para toda actividad. Pero en estas tareas no se utiliza el mismo tipo de atención que requiere, por ejemplo, manejar un automóvil. Se necesita de un enfoque sostenido en el tiempo para que las ideas sean absorbidas, procesadas y reformuladas con facilidad.
Por eso, el silencio es un aliado de la actividad intelectual. Si no, de dónde sale la regla básica de todas las bibliotecas. Tiene una base muy sólida en la ciencia. El cerebro humano constantemente tiene que estar filtrando los estímulos que recibe de su entorno para enfocarse en los que considera más importantes para ese momento. A veces se obliga a hacer secuencias de enfoques con el fin de llevar a cabo procedimientos más complejos. Para lo que no está preparado es el enfoque en varios estímulos simultáneos: el cerebro humano no puede hacer multitasking, no hay vuelta que dar en este punto.
Existen, sin embargo, algunos peros y sinembargos muy conocidos. Sabemos que incluso cuando nos ubicamos en un ambiente muy tranquilo, la mente puede vagar a cualquier parte con tal de escapar del trabajo asignado. O la tentación del celular se agudiza cuando estamos solos, sin que nadie nos hable o interrumpa. A veces nosotros creamos nuestras propias distracciones, incluso en medio del silencio.

Además, ¿qué ocurre con aquellas personas que van a escribir o trabajar en un café? ¿Acaso no es más fácil estudiar con música? Pues hay mucho de creencias y experiencias muy individuales con respecto a estos puntos, pero todo tiene su explicación.
En primer lugar, el silencio siempre será el entorno más ideal para un trabajo que requiere encadenar varios procesos cognitivos. Pero ya sabemos que ni en el mundo más perfecto podremos encontrarnos con este preciso tesoro todos los días o todas las noches. Ahora mismo estoy escribiendo estas líneas a la madrugada para evitar el ruido diurno, pero mis vecinos decidieron que todavía es muy temprano para acabar con su fiesta. En fin.
Por eso, si no encontramos un lugar o momento de silencio para trabajar, quizá podamos rodearnos de un entorno al cual estemos tan habituados que básicamente los ruidos pasan de largo. Esto es lo que ocurre cuando uno trabaja todos los días en una oficina junto a una calle muy transitada o cuando se va al café al escribir. El cerebro se encuentra con los mismos estímulos de siempre, entonces repite exactamente el mismo tipo de filtrado. Puede que para una persona que no tenga ese hábito esos ruidos sean molestos, pero con el tiempo uno se acostumbra al ruido de siempre. Después de todo, taladrar es una tarea de precisión y el ruido no saca de foco al que lo hace como trabajo cotidiano.
También se debe tener en cuenta el nivel de comodidad que uno puede alcanzar en determinados ambientes. Esto se presenta con la rutina y la costumbre, pero también depende de otros factores externos. Si el silencio es muy tenso que hasta nos da vergüenza teclear por temor a distraer a los demás o la tarea nos genera ansiedad, entonces tampoco llegaremos a obtener el nivel de atención requerido para realizar el trabajo. A veces, cierto nivel de ruido es tolerable a cambio de la distendida ambientación y el aroma agradable de una merienda.

Por otra parte, la música puede subdividirse en varios capítulos, especialmente si la relacionamos con la creatividad artística. Por ahora me limitaré a tratarla de manera más general. En un principio se creía que escuchar música al estudiar ayudaría a obtener mejores resultados. Luego se apuntó a que era la música clásica la que cumplía con esta función. Sin embargo, los estudios más recientes nos muestran que la música es solo otro estímulo como otros.
Esto quiere decir que podemos escuchar cierto tipo de música para aislarnos de otros estímulos más molestos, pero hay que tener cuidado al preparar la lista de reproducción. De hecho, la música puede llegar a ser muy distractora, si nuestro cerebro no la utiliza como un filtro de estímulos. O en el otro extremo, también podría dejarnos dormidos.
La música ideal para trabajar en tareas que requieren mucha concentración (lógica y lingüística) es aquella cuya melodía nos mantenga despiertos y atentos, sin que nos acapare el foco principal. Y para cada persona, esto puede ser un estilo musical diferente.

Por último, tenemos aquellos materiales que también pueden funcionar como filtros para ruidos molestos que no son precisamente música. Se pueden encontrar en internet con una variedad nombres y formatos: sonidos de naturaleza, ruido blanco (o de cualquier otro color), pulsos binaurales, etc. Igual que los ruidos rutinarios, cada persona encontrará el que le sea más amigable y útil para usarlo de colador. Incluso entre los pulsos binaurales que son más que sonidos rítmicos y repetitivos se puede encontrar una variedad tan diversa que hay algunos que pueden ayudar a concentrarse mientras que hay otros que provocan dolor de cabeza. Y el efecto puede ser distinto en cada uno.
Como en todo aspecto del trabajo creativo, aquí lo importante es conocer el estilo del propio cerebro y probar hasta encontrar el método que resulte más útil para cada uno. Además, tenemos que convencernos al fin de que no se puede hacer multitasking y las interrupciones frecuentes son lo peor para la actividad creativa. Aunque convencernos de eso no es tan complicado como hacerles entender a las personas de nuestro entorno.

Espero que la información les sea de utilidad. Podemos charlar en los comentarios acerca de cómo le hace cada uno para encontrar su silencio o sonido más adecuado para su estilo de trabajo. Ahora debo preparar mi propio ambiente para escribir un nuevo capítulo en mi novela, hasta pronto y buenas noches.