Mis sueños favoritos son aquellos en los que voy a lugares completamente desconocidos. O al menos yo creo que desconozco. Por lo general me encuentro con una persona, también desconocida, y esta me sirve de guía turístico o similar. La mayoría de las veces me llevan a recorrer lugares antiguos, ruinas, edificios en decadencia. Me explican quiénes vivían allí, las leyendas y los sucesos más importantes que ocurrieron en aquel lugar.
En muchos casos, me enganchaba tanto con la historia del sueño, que si sufría alguna interrupción, era capaz de dormir y retomarlo donde lo dejé. Incluso llegué a continuar uno a la noche siguiente. Ocurrió hace mucho tiempo y en ese momento no sabía que estaba teniendo un sueño lúcido.

Este tipo de sueños son la pasión y objetivo de los que están interesados en los fenómenos oníricos. De hecho hay una enorme cantidad de guías en internet para lograrlos. Según parece, requiere técnicas y disciplina para dominar y así tener sueños lúcidos a gusto.
A mí me salen de forma natural en determinadas circunstancias. Solo se tienen que alinear unos cuantos factores para que ocurran, por eso no los puedo tener en cualquier momento que quiera. Me encantaría seguir paso por paso las guías, que son muchas, pero todas parecidas entre sí. Hasta ahora solo he podido mantener mi diario de sueños, que se actualiza semanalmente.
Por otra parte, está este fenómeno que se ha encadenado, y muchas veces confundido, con los sueños lúcidos. Es más bien como un paso más allá de lo onírico a lo paranormal: las experiencias extra corporales, también conocidas como viajes astrales o viajes del alma. Estas experiencias tienen notoria influencia de lo religioso, aunque no he llegado a descubrir si deriva concretamente de una religión en particular.
Los sueños lúcidos y las experiencias extracorporales están conectados porque ambos representan viajes a lugares conocidos o desconocidos. En ocasiones se pueden utilizar para comunicarse con otras personas, pero con la diferencias en que para uno esta comunicación es fingida y para el otro es real. También están los casos en donde se genera una sensación de estar flotando (de verdad, los sueños en los que «vuelo» son también muy espectaculares) y la visión disociada, es decir, «me veo a mí misma durmiendo» (eso ya no es muy agradable).
Cuando los fenómenos que no se pueden explicar del todo se mezclan con creencias y ciencia al mismo tiempo surgen un montón de hipótesis, algunas alimentan el pensamiento y otras que son como comida chatarra. Y debe ser por mi carácter analítico que me encanta investigar, profundizar, comparar y sopesar cada teoría por más disparatada que suene.
William Buham es una de aquellas personas a las que les interesa investigar acerca de lo incompresible. Escribió un libro en donde explora los fenómenos extra corporales a partir de una chispa de curiosidad que le prendió un vecino suyo al contarle su propia experiencia. Puede que no presente evidencias absolutas acerca del tema, pero sí que son interesantes los casos y su análisis acerca de ellos.

La neurociencia al menos apunta a que los viajes astrales no son más que sueños lúcidos muy elaborados en los que uno está convencido de que puede volar hacia otros lugares. En realidad, uno sigue en la cama, controlando su sueño a voluntad. Lo que una no puede controlar en ese momento es el sentido de la propiocepción, aquel que nos permite reconocer en qué posición y cómo está nuestro cuerpo con respecto al entorno, aun sin verlo. Por eso se genera la sensación de volar, dejar el cuerpo y mirarlo desde afuera.
Otras alteraciones asociadas con el sentido de la propiocepción son la falta de coordinación, la pérdida de noción del peligro y la parálisis del sueño. Tal vez por eso también las personas que suelen tener sueños lúcidos son más propensas a sufrir de esa parasomnia. Además, algunos principiantes de viajes astrales le temen a las poseciones que puedan ocurrir durante sus salidas.
La mayor evidencia de que estos estados son alteraciones cerebrales son las inducciones químicas. Sí, se pueden producir con drogas y en otros contextos a eso se le llama alucinar. Por obvias razones, hacerlo de esa manera es más peligroso que con meditación y práctica disciplinada. Alterar de forma brusca la química del cerebro no es broma. A pesar de eso, siempre hay quienes defienden su uso para desarrollar la creatividad o ponerse en contacto con estratos superiores. En fin, cada uno sabe lo que apuesta.

Otra forma de experiencia extracorporal es la que sucede en momentos muy cercanos a la muerte. Muchas personas que estuvieron al borde y lograron recuperarse dicen haberse visto a sí mismas en la cama o en el hospital, incluso están las que afirman haber recorrido los pasillo o incluso llegaron a ver a los médicos desde un ángulo superior, como hubiesen estado pegados al techo. Como siempre, los testimonios subjetivos no son evidencias irrefutables, pero no dejan de ser notorias.
El caso más famoso es el de Pam Reynolds, que debió someterse a una compleja cirugía cerebral, para lo cual inducieron su muerte clínica durante un breve lapso. Pam asegura que pudo escuchar y ver el procedimiento, incluso sorprendió a los médicos cuando les reveló los detalles. Y es esta clase de testimonios lo que no permite que la historia se cierre con una sola explicación.

Para mí, hay dos factores interesantes en el tema. El primero, por supuesto, es el misterio. Cuando existen estos fenómenos que no se acaban de explicar del todo y le dejan una gran brecha a la especulación, ahí puede encontrarse también un caldo de cultivo para la creatividad y la imaginación. La cantidad de historias sobrenaturales o de fantasía que ya han surgido y siguen sumando son prueba de ello.
Por otra parte, dejar que el cerebro haga sus cocteles raros con el recuerdo y la imaginación, sin muchas reglas, pero con ciertas supervisiones del lado consciente, lleva a resultados disparatados, originales y creativos.
Por último, siempre hay cierto placer en explorar un mundo exclusivo de uno, explorar lo que yace en el fondo de la mente, perdernos en nuestros propios laberintos de repente. Hay quienes lo pueden utilizar como elemento catártico, como medio para la reconciliación con uno mismo o con otros, como herramienta de curación y superación.
Pero también puede ser un arma de doble filo. Pues podemos encontrar detalles que no nos gustan, destapar recuerdos que mejor se hubieran quedado enterrados. Podemos confrontarnos con miedos que todavía no estamos preparados para combatir. Y esas pesadillas son las peores de todas, especialmente si se cuelan en la realidad a través de la parálisis del sueño. De eso hablaré más adelante, pues ese tipo de parasomnia merece un capítulo propio.

Espero que les haya parecido informativa o al menos entretenida esta exposición. Pueden comentar (o preguntar también) acerca de experiencias extrañas con sueños lúcidos o no tan lúcidos. Siempre hay actividad interesante durante el MOR. Y si han tenido experiencias extracorporales, mejor todavía.
Por ahora dejo el teclado, que ya tengo que relajar la mente para poder dormir. No quiero ir a la cama con el cerebro muy agitado porque entonces no podré hacer turismo onírico. Hasta pronto y buenas noches.