Hay un dicho en inglés que cita más o menos algo sí como “adressing the elephant in the room” o “considerar a elefante en la habitación». Se suele relacionar con hacer referencia a un tema muy evidente que todos quieren ignorar, a pesar de que está justo en frente.
En castellano también tenemos dichos sobre elefantes, aunque solo se conecta con el anterior por el paquidermo protagonista. “Como elefante en cristalería” se le dice a alguien que se expresa con total falta de consideración por el contexto, sea por elección personal o porque le es imposible adaptarse al entorno.
El fenómeno de la IA es un elefante al que he tratado de ignorar, pero como se mueve en la cristalería artística y literaria, creo que no puedo pasarlo por alto por más tiempo.

Juguete nuevo
De esa manera se suele presentar la IA. Muchos hablan de que es una gran herramienta, otros de que tiene gran poder destructivo, y también están los que dicen que realmente no es la gran cosa. Finalmente, es un juguete nuevo con el que todo mundo está entusiasmado y juegan sin mirar las consecuencias. Tiene un potencial positivo tan innegable como el negativo, porque está en manos de seres humanos inescrupulosos, va inclinándose más hacia lo destructivo que hacia lo constructivo.
Lo que verdaderamente considero negativo de la Inteligencia Artificial es que funciona como espejo amplificador. Quien la utiliza se ve reflejado en ella y amplifica la imagen que quiere ver de sí. Y quienes sostienen este gran espejo son quienes más aman los espejos y eso… sabemos que no es bueno, creo que conocemos la historia de Narciso.

Todos podemos caer
No voy a ponerme en un pedestal moral y a decir que es la peor tragedia de la humanidad. Haberse bajado del árbol para fabricar herramientas sigue siendo la peor decisión y será muy difícil superarla.
Cuando empecé a experimentar con la IA me gustó. A mí me gusta la tecnología y al principio se veía como una novedad medio simpática, hasta ahí. Cuando comenzó a mejorar y empezaron a usarla sin medir nada ahí me puse más espinosa con el asunto. No tanto por el problema de que puedan reemplazar a los humanos en tareas que deberían ser de humanos, sino porque mucha gente (desde altas esferas) quiere, por las buenas o por las malas, reemplazar a los humanos en tareas que deberían ser humanas.
Ya podemos ver el caos que está causando en ciertos ámbitos y creo que solo es el comienzo. La situación se está convirtiendo en una avalancha y muchos vamos a quedar atrapados, queramos o no. Incluso las personas que dicen beneficiarse de la IA van a quedar sepultados por alguna consecuencia secundaria que no calcularon.
Y no podemos detener una avalancha
Ahora que el elefante está suelto ya no lo podemos volver a encerrar. Y los cristales rotos no se van a reconstruir fácilmente. Igual que cuando descubrieron la energía nuclear y crearon, como derivación, las bombas atómicas, ya no nos queda más que aprender a convivir con esto y tratar de mitigar el daño. Porque los únicos que pueden ponerle un alto no quieren y no lo van hacer.
Lo primero es analizar y ver las cosas como son: manifestar una oposición tajante contra la IA no va a servir de mucho. Mostrando una posición intransigente ante el problema lo único que va a causar es que quienes tienen sujetos sus hilos puedan ganar más adeptos. La IA facilita las cosas, incluso cuando lo fácil nos perjudica. Por eso es tan complicado oponerse, porque nuestros propios cerebros nos juegan en contra. Los cerebrines buscan lo fácil, los caminos cortos, los atajos, y la IA los ofrece de sobra.
Por otra parte, no hay peor cosa que consentir al cerebro con esos atajos. Ya lo tenemos bastante adormecido con el exceso de estímulos y la desrregulación de dopamina. La IA viene a sumar un peso más al desequilibrio en la balanza de la estimulación y la armonización.
Así también, negar o minimizar el problema, tampoco nos servirá de mucho. No podemos simplemente decir que la IA es una herramienta más, que solo hay que usarla bien, que hay que entrenarla para que sus beneficios nos ayuden a todos… Sabemos que quienes están a cargo no buscan “el beneficio para todos”, van a trabajar la IA en su propia ganancia sin importar las consecuencias ambientales, sociales, políticas, etc. Y mientras ellos sigan a cargo, no hay forma de que la balanza vaya hacia lo positivo.
¿Qué hacer entonces? Pues como escritora y aficionada al arte, yo me alineo con los artistas. Los de verdad. No voy a usar IA para escribir, ni corregir, tampoco para el diseño gráfico, u otra actividad creativa. Así me cueste dinero, que me costará. Para mí esa es la única postura ética con respecto a la IA, por el momento.
Una vez que ya esté regulada y legislada, veremos cómo cambia la situación, pero mientras, voy a seguir firme ante este asunto. Mi uso actual, de hecho, se reduce a convertirla en recetario, o buscador rápido de canciones cuya letra solo recuerdo parcialmente. Y ni siquiera es muy buena para esas funciones, la verdad.

El futuro del arte
Como había mencionado antes, creo que el problema con la IA no está en que esté reemplazando a los artistas o a la gente creativa en otros ámbitos no artísticos. Sino que mucha gente, por ignorancia o por codicia, o los dos, cree que en serio puede reemplazar a personas creativas que le dan su alma a su labor con un bot que hace collages de conocimientos que no entiende.
Muchos dicen que sigue siendo una herramienta, como una cámara fotográfica, como una tablet, que con la tecnología se hace arte, y se puede seguir haciendo arte. La clave está en su nombre: inteligencia. Si bien no es harta inteligencia, ya es una que consume quizá el 90% del proceso artístico. No es una cámara que hay que enfocar, posicionar iluminar, filtrar; no es una tablet en la que hay que dar formas, presión, luminosidad, color… Es un botón que presionas hasta que te salga algo que te guste. No es como tomar una cámara y sacar una fotografía, es pagarle a varios fotógrafos y darles un concepto de trabajo y luego eliges el que más va con tu visión. O pagarle a alguien para que escriba tu idea y luego publicarla bajo tu nombre… oh…
Ahí tenemos el problema de base: la inteligencia artificial en el arte es el culmen de un proceso de degradación del mismo. Ya teníamos antes pseudo escritores que no escribían sino que hacían encargos, ya teníamos a pseudo artistas que pegaban una banana en la pared y le daban un “significado”, ya teníamos a artistas que lucraban del plagio. Ahora les dieron una herramienta perfecta para sus propósitos.
Entonces la “herramienta” ya tiene un defecto en su esencia. No es una herramienta para artistas, sino para estafadores. ¿Y cómo se hace frente a esto?

Luchar contra viento y marea
Las cosas no están fáciles. Ante todo se depende mucho de una legislación. Y es en este punto en donde hay que presionar desde todos los ángulos (artístico, ecológico, laboral, etc.). La ley tiene que avanzar a medida que avanza la tecnología, y debe proteger los intereses de las personas por encima de las corporaciones.
Al resignarnos no solo perdemos a los artistas y a los creativos, perdemos todos. Si no podemos crear, tampoco la IA se alimenta y terminar en un proceso muy similar al del ciempiés humano (perdón por la metáfora tan grotesca, pero no me dirán que es lo más similar).
Este punto histórico es clave. Por un lado, para que se ponga un alto a los abusos de poder de los mediocres, y por otro, para sobrevivir a la mediocridad. En lo primero, lastimosamente dependemos de los políticos, o sea, de que los mediocres abran los ojos. En lo segundo dependemos de nosotros mismos. Ahora es el momento de explorar parajes recónditos y hostiles. Hay que romper las reglas, hay que hacer cosas que la IA, en definitiva, no pueda imitar.
El renacimiento: florecer o hundirse
Quiero imaginarme que estamos en una bifurcación del multiverso. De un lado tenemos la aniquilación. Rendirnos ante la idea de que los que mandan pueden hacer lo que quieran con el resto del mundo. Estamos a merced de su tiranía y utilizarán a la inteligencia artificial para drenarnos hasta dejar solo un cascarón vacío.
Del otro lado, tenemos un segundo renacimiento, un nuevo romanticismo. La rebelión nos llevará al experimentalismo, las nuevas formas, la maravilla. El público no necesitará buscar detalles para saber si es un humano o un software el creador detrás de la obra. Se notará, porque lo que venga será inconfundible.
El primero es un camino de fatalidad y pesimismo. El segundo es el camino del idealismo, del optimismo. Parece más plausible el primero, sí, por supuesto. También parecía más plausible fin del mundo durante la Guerra de los 100 años o después de la explosión de las bombas atómicas. No es el primer fin del mundo que la humanidad sobrevive. Y aunque parezca que ahora sí la líamos parda, la única forma de vivir es creer.

Creo que me extendí más de lo que tenía planificado. Además, no sé si realmente llegué al punto que quería lograr. Antes de cerrar, solo quiero avisar que todo este problemón me ha servido de inspiración para crear una obra. Este proyecto será una combinación de ciencia ficción y terror, porque la ocurrencia que tuve es realmente es terrorífica. Le dedicaré todo mi esfuerzo para ver si la saco este año o el año que viene a más tardar (antes de que el asunto se enfríe o de que la amenaza se cumpla).
Por otra parte, en mi esfuerzo por reducir mi uso de herramientas derivadas de la IA, los gráficos que acompañan mis entradas y mis publicaciones en Instagram van a ser bastante simples, porque los hago en Canva y me quieren meter IA hasta en la heladera. Por eso lucirán un tanto repetitivas. Espero que no les moleste jeje. Ya llegará el día en que juntaré plata para contratar a gente que me pueda hacer la parte gráfica decentemente.
Y eso es todo por hoy, hasta luego y buenas noches.