Corría el año 2020. En plena pandemia, trabajando desde casa, me sentí tan dueña de mi tiempo que me puse el desafío de mi vida: leer un libro extenso y desafiante. Estaba entre dos opciones, Los Miserables de Víctor Hugo y Guerra y Paz de Liev Tolstoi. Ganó el último, y ahora estamos un día del libro, 23 de abril de 2024, celebrando que acabo de terminar de leer este ladrillo literario.

Entre disfrute y paciencia
¿Cómo podría describir esta experiencia de lectura en pocas palabras? Una montaña rusa, claro. Lo primero que debo aclarar es que no leí todo el libro de una vez. O sea, desde septiembre del 2020 hasta ayer he pasado mucho días sin tocar el libro, o alternándolo con otro.
Como ya había mencionado en un artículo anterior, tengo ciertos problemas para leer libros muy extensos. Lo que incluye también a las sagas y los cuentos seriados. Y esto se debe a un solo problema de fondo: me canso de estar por mucho tiempo en el mismo mundo con los mismos personajes.
Guerra y Paz ofrecía principalmente este desafío. Tenía que estar atenta a tres familias en particular, a sus idas y venidas por la corte de la rusa zarista y a los problemas generados por Napoleón Bonaparte. Pero aunque eran muchos personajes y los líos en los que se metían, finalmente seguían siendo los mismos y continuaban quedándose casi siempre en el mismo lugar. Por eso, solía pausar la lectura y tomar otro libro para despejarme un poco.
Aunque me interrumpí varias veces, la parte más difícil fue aquella que leí más rápido. El tramo final fue decayendo en intensidad hasta hacerme sentir desmotivada por completo faltando apenas cincuenta páginas. Y todo esto porque al señor Tolstoi se le ocurrió recargar todo el comentario político que se estuvo aguantando en las tres primeras partes.

Eso es lo que me parece más extraño (y frustrante, dicho sea de paso), pues el libro está bastante equilibrado en cuanto al comentario histórico, político y religioso que el autor inserta entre escena y escena. Además, lo que al principio es un comentario, hacia el final se convierte en un sermón. Por fortuna, el libro es tan largo que estas fallas no le quitan mucho el mérito al resto. Aunque sí que deja una sensación de hartazgo las primeras horas después de terminarlo.
De lo general a lo particular
Una de los tópicos que me mantuvo enganchada a este libro fue la manera en que se trataba a los personajes en relación con los eventos históricos. Sobre estos tengo ya bastante conocimiento, como aficionada a la historia, y por las horas que le he dedicado a las Guerras Napoleónicas en el canal de Kings and Generals. Así que la narración de las batallas desde las perspectiva rusa, no es realmente algo que pudiera generarme más impacto.
Los personajes, por otra parte, si bien mostraban características muy destacables y originales, tampoco podría decir que fueran muy memorables, en especial si se los compara con otras obras del siglo XIX. En este aspecto Tolstoi se quedó rezagado en comparación con sus compatriotas Dostoyevski y Chejov (según mi criterio, obvio). Tal vez porque todos estos personajes eran demasiado ¿aristócratas…? No estoy segura, pero me dejaban un aire un tanto artificioso.
Sin embargo, mostraban su toque de humanidad cuando se veían enfrentados a los hechos históricos. Así pude ver la batalla Austerlitz desde los ojos de un oficial en artillería y un joven húsar que se cayó del caballo y luego se pasó mintiendo sobre su gran experiencia de batalla. Así también las terribles consecuencias de la toma de Moscú desde el punto de vista de un conde que lo perdió todo y fue hecho prisionero. O las lisonjerías de la nobleza de San Petersburgo que nunca llegó a pisar tierra (¡Los franceses les invaden! ¡Hagan algo, inútiles!)
Si la novela se hubiera centrado exclusivamente en la historia, habría sido un insufrible ensayo acerca de cómo los historiadores estaban equivocados acerca de la invasión napoleónica en Rusia (la última parte es prueba de ello). Por otra parte, si el foco se hubiera colocado solo en los personajes, en otro contexto, habría sido simplemente un juego de triángulos amorosos con arco de crecimiento espiritual de por medio.
Por eso, la interacción entre personajes históricos y contexto, es lo que me mantuvo atada a la trama. Sin esto jamás habría notado la diferencia entre los tres Nikolai, las dos María, quién era el primo, o el suegro, o la prometida, si fue a San Petersburgo, a Moscú, a Lisi-Gori…

Una de las situaciones que más llegó a sorprenderme, era que después de dos meses sin mirar una página del libro, al retomar podía recordar sin problemas quién era el personaje y cómo llegó a ese lugar.
¿Recomendable?
La pregunta tiene como respuesta «sí, pero…». Este libro, o mejor dicho, esta clase de libros, va para un tipo de público particular. De forma más específica, es recomendable para las personas que no ven la lectura como evasión o entretenimiento. No hay nada entretenido (salvo algunas escenas irónicas), ni mucho menos nada que pueda sacarte de la relidad. Claro estamos hablando de una obra del realismo ruso, imposible para llegar a esos objetivos.
Quienes se atrevan al desafío de leer esto de principio a fin, deberán tener una actitud de aprendizaje, reflexión y crítica. Lo primero porque verán muchas lecciones de arte literario en la obra, aunque ya esté desfasada para los criterios modernos (nuevamente, por culpa de la última parte). El segundo término, porque es una obra de mucho enfoque filosófico y espiritual, por lo que tendrán que leer pasajes en donde las luchas internas y los comentarios son a ese nivel. Y lo tercero, porque notarán que muchos de los valores de Tolstoi están bastante añejos para nuestra época, aunque también se puedan encontrar otros todavía muy vigentes, así que es necesario separar la paja del grano.
Por último, este libro es un desafío a la paciencia. Muchas escenas se desviarán sin motivo aparente, otras se alargarán, y no faltarán los comentarios del autor puestos en el momento menos oportuno. Sin embargo, al final, está la recompensa. El sentimiento heroico de haber terminado un libro realista de más de 1000 páginas no te lo quita nadie (si quieren, liquiden antes del epílogo, no se pierden de nada y se salvan de la mayor frustración del libro).

En fin, como verán estoy medio ausente de mi perfil en línea. Mi horario laboral, si no me mata, me hará más fuerte. Pero lucharé por organizarme mejor, aunque lo más probable es que regrese para el octubre terrorífico. Para esa época también decidiré si empiezo con Los miserables a fin de año, así para el 2027 hago un duelo de libros súper extensos del siglo XIX: Rusia vs. Francia.
Por ahora me despido, espero que hayan pasado un maravilloso día del libro. Hasta pronto y buenas noches.