Con esta metáfora, una madre trataba de explicarle a su hija de una manera más tranquilizadora qué era la parálisis del sueño en una escena de la serie La maldición de Hill House (que se las recomiendo en serio). Este fenómeno va mucho más de las pesadillas, es una experiencia que puede provocar ansiedad y verdadero terror. Aprender de esto podría ayudarnos a superar miedos, pero si nos gana la partida, también nos puede dejar secuelas cuando estamos despiertos.

Cuando las pesadillas se derraman en la realidad.
Y, como todo lo que se derrama, es difícil devolverlas a su contenedor.

Suele comenzar de madrugada. Uno despierta con letargo porque oye un ruido extraño o una conversación. No puede distinguir si ya está consciente por completo o todavía sigue soñando. Al intentar abrir los ojos se percata de algo extraño: hay un peso en la cama, algo o alguien se mueve al lado. Lo más angustiante es que uno no puede moverse para cerciorarse de que su propio cuerpo esté causando o no ese peso. Pero abrir los ojos podría ser peor ¿Qué hacer si hay alguien más ahí? ¿Cómo reaccionar?

Las cosas empeoran porque el peso comienza a oprimir en el pecho. Se mueve sobre el estómago. Los brazos y piernas no responden. Los párpados siguen cerrados por temor a ver qué hay ahí. Y si se abren, será aún peor, porque lo que se encontrará no será una imagen normal. En la oscuridad hay una figura deforme y aterradora que desearía no haber visto jamás.

Este puede ser un episodio típico de parálisis del sueño. En el folklore recibe nombres y explicaciones diferentes: los infames íncubos y súcubos en Europa; kanashibari, o posesiones, en Japón; en México se le refiere con la frase «se le sube el muerto», por mencionar algunos ejemplos. Es fácil notar que se le asocia a poderes demoníacos o relacionados con fantasmas en general. Puede ser un castigo, una advertencia o un tormento para una persona vulnerable.

Despertamos
Todo esto suele durar segundos que en la mente parecen horas.

En el arte está plasmada aquella terrible sensación en la pintura La pesadilla o El íncubo de Johann Heinrich Füssli. En la serie que mencioné al principio se convierte en un tema recurrente. Al menos la mitad de la población admite haber padecido parálisis del sueño al menos una vez en su vida (si es que nos podemos fiar de algunas encuestas en internet). Para el resto que nunca estuvo en esta situación, se trata de un fenómeno muy extraño, que puede llegar a preocupar, aunque tiene una explicación más o menos definida.

Como siempre, la neurología ya tiene respuestas para este fenómeno, aunque los seguidores de lo paranormal no estén convencidos. La parálisis se presenta cuando hay un lapso de diferencia entre los primeros indicios de consciencia y la activación motora. Esta diferencia puede ser de unos segundos, a lo máximo tres minutos, pero en la mente adormilada de quien padece el episodio, el tiempo se dilata por una eternidad.

La peor parte no es la sensación de inmovilidad, o el apretón en el cuerpo, o si quiera la intuición falsa de que hay alguien o algo cerca del cuerpo cuando no debería. Al abrir los ojos, el sujeto que sufre la páralisis puede enfrentarse a alucinaciones. Las pesadillas entonces se cuelan al mundo real. Lo que nuestros ojos ven en realidad ya es un proceso elaborado por el cerebro, que muchas veces rellena espacios con su interpretación. Si abrimos los ojos en medio de una parálisis, nuestro cerebro se encontrará con oscuridad y la rellenará con material digno de un ataque de pánico.

La peor parte
El demonio de mi parálisis nocturna está de acuerdo.

Detener el episodio es fácil, en teoría. En el momento en que nos percatamos de la parálisis solo tenemos que relajarnos y no tratar de luchar, que la consciencia llegue al resto del cuerpo en el tiempo debido. Por sobre todo, tenemos que evitar abrir los ojos muy rápido, aunque nos parezca interesante ver qué desagradable sorpresita nos esté preparando el cerebrín. Todos estos consejos entran dentro de la categoría «más fácil decirlo que hacerlo», pero uno hace el intento.

Si pudieramos evitar que suceda sería mucho más fácil. Algunos lo relacionan con estados de estrés, sueño irregular, posición inadecuada para dormir, ingestión de sustancias, incluso comer mucho antes de de dormir, en fin, hábitos no muy saludables. También puede haber una predisposición genética hacia las parálisis, que es tener mala suerte en la lotería del ADN. Y aumentan las posibilidades si ya hay una base de otros transtornos neurológicos.

Al final, no se trata de un problema de salud grave, es una condición que puede controlarse con cambios de hábitos o ayuda profesional. Sin embargo, también existen casos extremos. La parálisis conectada con los ataques de pánico forman un cóctel tóxico, y más aún si se agrega una tendencia al insomnio. La ansiedad de enfrentar un episodio de parálisis puede quitar las ganas de dormir y provocar un periodo de insomnio prolongado, con todos sus problemas de salud derivados. En este caso, hay que consultar con un especialista. terapeta, neurólogo o psiquiatra, antes de que comience a perjudicar la vida de la persona.

Explicaciones
Y aunque borremos todas las cuestiones paranormales, igual sigue siendo aterrador.

Por otra parte, algunas personas que han sufrido este fenómeno de manera más esporádica y leve, han encontrado inspiración artística en la desagradable experiencia. Después de todo, se trata de analizar el miedo y el terror en un momento en el que uno se siente más vulnerable. ¿Acaso hay algo más terrible que percatarse de que algo anda mal y estar completamente incapacitado para defenderse?

Durante un periodo de mi vida, llegué a pasar por episodios fuertes al menos una vez al mes. Coincidió con la época en que más sueños lúcidos tenía y según pude encontrar en mis investigaciones, tal vez ambos fenómenos estén ligados. Bueno, en realidad, la parálisis del sueño no es mi única parasomnia, porque también he sido sonámbula (una muy peligrosa, según mi madre) y hasta ahora hablo dormida de vez en cuando. Así que la tendencia está allí.

En la actualidad, solo sufro de episodios leves durante épocas de mucho estrés laboral. Quizás porque soy más consciente de lo que me sucede, tomo el control de la situación enseguida y no me dejo llevar por el miedo. Además, los años me han dado experiencia. He llegado a sentir opresión en el pecho y el estómago, varias veces percibí movimiento a los costados o al pie de mi cama, he visto en alucinaciones a un demonio parecido a los cenobitas de Hellraiser, también vi caer un murciélago gigante del ventilador y una persona-sombra trató de estrangularme. Este entrenamiento me ha servido bastante. Cuando siento que «está por comenzar», solo pienso «no tengo tiempo para esto, necesito dormir».

El entierro prematuro
Si ellos no duermen, nosotros tampoco.

En El entierro prematuro Edgar Allan Poe insta a usar estos terrores para vencer a los demonios, los miedos más profundos. Y eso teniendo en cuenta que el protagonista de esta historia sufre de parálisis del sueño además de catalepsia, una fórmula perfecta para el terror psicológico. Pero, como ya lo había mencionado en mi anterior artículo y en el de los sueños, tanto el terror como los fenómenos oníricos pueden ser utilizados como preparación para enfrentarnos a las situaciones amenazantes que nos encontramos en la vida cotidiana. Siempre con cuidado de que no surtan un efecto contrario.

Y hasta aquí llego con el tema. Espero que las experiencias e informaciones les hayan sido de utilidad. Me gustaría que comenten y compartan sus experiencias también. ¿Alguna vez sufrieron de parálisis del sueño? ¿Cómo lograron lidiar con este fenómeno? ¿Les interesa el tema o les provoca ansiedad?

La próxima semana, aprovechando la fecha y el viernes extra en el mes, les traeré un artículo especial y un cambio importante en la página. Hasta entonces y buenas noches.

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