Desde muy pequeña he sentido una particular atracción por los edificios antiguos, sean en estado impecable como en ruinas conservadas o abandonadas. En mis idas y venidas por el centro de Asunción es fácil que me encuentre observando este tipo de vestigios del pasado. Y es inevitable que me pregunte cómo habrá sido la vida de sus habitantes originales, en qué pensaron cuando la diseñaron de esa manera, qué funciones tenían tal o cual sala, objeto, ventana… ¿Todavía siguen sus ánimas amarradas a su hogar?

Obviamente, no soy la única. Las casas embrujadas son un tópico del mundo del terror desde antaño. El escritor romano Plinio el Joven (el mismo que registró los sucesos de la erupción del Vesubio) narra entre varias historias sobre fantasmas la historia de una casa en Atenas donde ocurren apariciones fantasmales. Pero también hay narraciones similares, aunque menos documentadas (y muy difíciles de encontrar en internet) de la antigua Grecia, Egipto, Mesopotamia, China y Japón.
Así como la creencia en fantasmas está ampliamente difundida por el mundo, con sus matices y detalles diferentes, también existe la creencia común de que estos pueden quedar «amarrados» a un lugar específico. La casa en donde vivió, o murió, es una localización muy habitual para que los fantasmas queden estancados. De allí sale el concepto de la casa embrujada o encantada.
¿Por qué tenemos casas embrujadas?
Tanto en la ficción como en el imaginario popular, existen muchos motivos por los cuales una casa en particular albergue huéspedes incorpóreos.
Puede ser porque los habitantes anteriores no quieren abandonar la casa o no pueden hacerlo porque están amarrados a ella. En el primer caso, puede tratarse de una obsesión con el lugar, una forma de aferrarse a la vida y de negar la muerte. En el segundo caso, es más como un trauma derivado de una muerte o hecho violento que los deja atados a la casa. De hecho, no es necesario siquiera que ocurra un evento realmente violento. Basta con que se acumulen una serie de desgracias que vayan dejando su marca de infelicidad en sus habitantes hasta el punto de que sus almas se fusionen con las paredes.
Pero no todas las veces los eventos paranormales son causados por antiguos habitantes fallecidos. Si la casa se ha construido sobre un emplazamiento sagrado o maldito, vendrán espíritus a vengar la falta de respeto o hacer cumplir la maldición.

Hay factores más puntuales que tienen relación con las culturas locales.
Por ejemplo, según las pautas del Feng Shui (sistema de creencias muy extendido por China, Corea y Japón) la distribución de los espacios y la disposición de los elementos de la casa influyen en su esencia espiritual. Si se cometen equivocaciones o se pervierten estos principios al construir u ordenar la casa, tendremos diversos fenómenos indeseados en el hogar: propensión a los accidentes o desgracias, presencias malignas, descomposición emocional de los habitantes, etc.
Pero si estamos en Latinoamérica, la práctica de la brujería también puede dejar secuelas en una casa. A menudo se escuchan historias de casas, incluso departamentos y oficinas, que se mantienen abandonadas por cierta fama siniestra de los inquilinos que las desocuparon. Algunas personas se conforman con hacer una limpia o llamar a un sacerdote para bendecir el lugar antes de ocuparlo de nuevo. Pero muchos prefieren no arriesgarse.
Ya que lo paranormal tiene fuentes diversas, así también, podemos ver manifestaciones de varias clases.
¿Qué hay en una casa embrujada?
Fantasmas, a menudo suelen ser fantasmas. Aunque no todos se manifiestan de manera uniforme, ni todo el tiempo, ni a todas las personas. Tenemos historias en las que son evidentes desde el comienzo y delante de todo el mundo. En otras, comienzan siendo sutiles para luego tirar la casa por la ventana (el chiste lo vale). Y por supuesto, también tenemos otros que son bastante tímidos.
Estos últimos se presentan como apenas una sensación incómoda. De hecho, en la mayoría de las historias se comienza así. No es que sucedan acciones concretas, solo se siente raro o como si alguien más estuviese allí. Los puntos fríos también son muy comunes. Para que esta manifestación suceda, no es necesario que haya fantasmas, también puede ser causada por maldiciones o por una alineación incorrecta.
El siguiente nivel son las sombras y apariciones fugaces. Ya comienzan a presentarse en el rabillo del ojo. O puede que no se dejen ver de frente sino a través de fotografías o videos.
Las voces y apariciones más concretas se ubican en los niveles más altos de actividad. En estos casos, tenemos fantasmas o demonios más extrovertidos que quieren interactuar directamente con los nuevos habitantes de la casa. A veces, quieren pedir ayuda, y otras, prefieren jugar, manipular y atormentar.

Según mi criterio (porque toda esta clasificación la armé yo misma sobre la marcha jeje), el escalón más alto entre las manifestaciones paranormales lo ocupa el fenómeno poltergeist. Se trata de movimientos o cambios en los objetos de la casa. Pueden ir de lo sutil (puertas que se abren solas, pertenencias que se mudan inexplicablemente, luces que parpadean, electrodomésticos que se encienden solos…) a lo violento (puertas y ventanas que se golpean, se cierran y no pueden abrirse, objetos que caen o se rompen, luces que se vuelven intermitentes, artefactos eléctricos que explotan…). También pueden incluir interacciones con los habitantes de la casa, desde una sábana que se desliza hasta la aparición de arañazos en la espalda, e incluso levitación.
Los fenómenos poltergeist pueden combinarse con todas las manifestaciones anteriores o ser el punto culminante de ellas. También pueden tener diversos orígenes: malas alineaciones de energía, demonios atraídos por brujería o juegos siniestros, fantasmas vengativos o coléricos, etc. Lo importante es saber que cuando estas manifestaciones ocurren es momento de rajar de la casa, pero como nos gusta el drama, preferimos llamar a médiums, exorcistas, shamanes u otros expertos paranormales.
¿Cómo utilizamos las casas embrujadas en nuestras historias de terror?
Es bastante fácil incluir una casa embrujada en una historia de terror, lo difícil es hacerla interesante porque se cae con frecuencia en los clichés o la historia se puede volver muy predecible.
El hilo argumental más común se desarrolla así:
Una familia se muda a su nueva casa que no es tan nueva. Comienzan a percibir fenómenos extraños a los que no hacen mucho caso. Si hay un niño o niña menor de 10 años: entonces hay un amigo imaginario con quien hablar, o por lo menos dibujos sobre eventos macabros que nadie sabe en dónde pudo haberlos visto. Si hay una mascota: se la ve rara, esquiva, paralizada o furiosa, especialmente en ciertos puntos de la casa.
Luego las manifestaciones comienzan a escalar. Los padres quieren racionalizar lo que ocurre, los niños y las mascotas tienen miedo. Estas últimas puede que huyan o desaparezcan. Mientras que los niños pueden llegar a ser víctimas de algún fenómeno más notable.
En ese punto ya se llama a un experto: exorcista, parasicólogo, médium, etc. Puede que solo aporte una asesoría superficial o se convierta en pieza clave de la solución del problema. Las manifestaciones llegan a su clímax, incluso puede que los fantasmas o demonios tomen como rehenes a los niños. Luego del enfrentamiento final, logran la paz para los fantasmas o expulsan a los entes malignos. Después se decide si la familia se queda con la casa o la abandonan definitivamente.
En esta línea podemos tener a varios libros y películas, todo es muy genérico en este punto. Por eso, hay que darle un giro propio, algo nuevo que lo haga destacar.

Puede que la casa sea nueva y hermosa, pero el secreto está bajo tierra o en algún objeto maldito. Quizá los fantasmas no son los villanos, sino alguien vivo que quiere hacer daño a los nuevos habitantes y ellos solo quieren advertir. O el nuevo habitante no es una familia, sino un individuo siniestro que quiere hacer un pacto con la entidad que vive allí. Incluso, podemos tener fenómenos paranormales que no partan de fantasmas o demonios, sino de las fuerzas psíquicas de sus nuevos habitantes: quizá están tan quebrados emocionalmente que empiezan a transferir su negatividad a la casa.
Hay muchas opciones para evitar caer en lo típico. Y en caso de que todo falle, podemos recurrir a los eventos reales. Muchas de las historias famosas de la ficción se basan en eventos ocurridos (y agrandados): la mansión de los Winchester, la casa de Amityville, los castillos europeos, etc. Todos inspiraron miles de historias y de seguro que podemos encontrar más casas en nuestra zona que puedan inspirarnos nuevas historias. Incluso si no están embrujadas y solo aparentan estarlo porque son feas y arruinadas.
Sin embargo, hay un aspecto que no debemos olvidar al escribir una historia de terror con casas embrujadas: la atmósfera. Podemos mantener oculta la identidad de la presencia espectral, dejar sin explicación el origen de los fenómenos, darle al lector la tarea de decidir si hay fenómenos paranormales o es pura locura de los personajes. Pero siempre tenemos que crear esa ambientación de inquietud constante, aquella sensación siniestra de que algo no anda bien, incluso si todo parece normal.
El terror de las casas embrujadas es efectivo porque profana el concepto de hogar. Se supone que nuestra casa es el lugar en donde nos refugiamos, en donde descansamos y nos sentimos seguros. Allí interactuamos con la familia, recibimos a los amigos y, de alguna manera, vamos construyendo nuestra identidad. Sentir que en ese lugar no estamos a salvo, sino que debemos estar en guardia, a la espera de ser atacados en cualquier momento por una fuerza invisible, nos quiebra con uno de los miedos más viscerales.

Creo que me quedó un poco largo, pero es un tema que realmente me apasiona. Espero pasar por aquí una vez más antes de fin de año (si no me aplasta el estrés), que tengan una linda noche de Halloween.