Para comenzar, debo decir que todavía estoy leyendo Guerra y Paz ( y pensar que planeé terminarlo en cuatro meses en 2020 ¡jaja!), además, tengo otros libros sin terminar del 2021. Hay trabajo por hacer.

¿Cómo mejorar mi experiencia de lectura?
Es para aumentar la calidad, no la cantidad.

En un artículo anterior, ya había explicado mi postura sobre hacer de la lectura una carrera de acumulación de títulos. No cambié de idea ni un milímetro, sin embargo, quiero aumentar la calidad de mi lectura este año y, en especial, evitar los cortes por quema de energía y las pasadas superficiales o distraídas. Esto se debe a un motivo simple: hay demasiados libros que quiero leer y no sé si me alcanzará la vida para hacerlo.

Antes que sentir decepción al ver los números del año pasado, siento ansiedad al ver la lista de los pendientes. Hay tantas historias apasionantes por delante y quién sabe cuántas de las que no me he enterado todavía, que siento como una especie de ahogo de tan solo pensarlo. Así que, primero, tengo que relajarme [respiración].

Como siempre, debo resolver el problema de mi desorganización. Hasta el año pasado lo único que hacía era una lista temática de los libros que quería leer para luego elegir al azar y de acuerdo con mi estado de ánimo el siguiente en la cola. Me di cuenta de que ese sistema no funciona conmigo, así que tendré que probar otro.

Muchos libros, poco tiempo.
Y entre uno más se angustia, más tiempo pierde.

Ya que soy una escritora de planificación, lo lógico sería probar este mismo sistema a mis lecturas. Así que les presentaré mi planificador de lecturas y probaré mi propio método. A fin de año veremos si este método funciona o no.

Primero debo saber algunos datos de mi proceso de lectura para hacer un buen plan. Así que comencé por buscar el momento óptimo para leer.

Los niveles de concentración cambian en cada persona a lo largo del día. Entonces probé cuál era el momento en el que podía leer sin distraerme durante más tiempo. Esta prueba tomó tres momentos del día. A la mañana, poco después de despertar; a la tarde, luego del almuerzo; y a la noche, antes de dormir.

Descubrí que el momento o la hora de la lectura no influye en mi velocidad, pero sí que afecta mi capacidad de atención. Esto quiere decir que puedo seguir leyendo de manera no consciente (sin asimilar la información) a la misma velocidad que leo cuando estoy poniendo toda mi atención.

De promedio, puedo leer entre 19 y 21 páginas en media hora sin distraerme. Superado ese tiempo, mi mente comienza a divagar y cualquier cambio en mi entorno ya comienza a llamar mi atención.

Y hablando de distracciones: la hora en la que tengo más probabilidad de ser interrumpida es a la mañana, después de despertar. Pero solo cuando estoy en mi casa. Cuando estoy en el transporte público (sí, suelo leer bastante mientras viajo), puedo concentrarme bastante bien a pesar del ruido del entorno.

La hora en la que tengo mejor rendimiento, sin duda, es a la noche (¿a alguien le sorprende?), pero tengo que leer sin tener síntomas de agotamiento. Ya no soy la de antes, ni el misterio más apasionante puede mantenerme despierta, si mi cerebro dice basta. De hecho, en un par de ocasiones desperté con el e-reader en la cara.

Además de probar cuál es la hora más adecuada para leer, también hice estuve experimentando con sonidos y música de fondo. La verdad, la música o los sonidos de fondo solo me sirven si hay algún elemento de distracción muy intrusivo en mi entorno (música en el vecindario, ladridos constantes, ruidos intensos, etc.). En caso de encontrarme en un ambiente silencioso y sereno, la música o los sonidos de fondo se convierten en una distracción más. Por lo general termino eligiendo música instrumental muy suave y monótona, o sonidos naturales como lluvia, olas del mar y otros por el estilo.

Solo falta un factor más que añadir a la ecuación: ¿Cuál es la posición más adecuada para leer? Continué mi prueba por cuatro días con las mismas condiciones mencionadas anteriormente, pero esta vez alterné las posiciones: acostada en mi cama o sentada cerca de mi escritorio. Resulta que estando acostada tengo menos distracciones que sentada. Supongo que debe ser porque tengo el cuerpo relajado o por la limitación de movimiento. Creo que es más de lo último, porque en el bus no tengo más opción que estar sentada, pero también hay una limitación importante de movimiento, lo que me tiene más concentrada en la lectura.

Concluido este experimento, tengo finalmente mi perfil de lectora.

Mi perfil de lectora
Al final terminaré leyendo mayormente en el bus, como siempre.

Por supuesto, hay otros factores que no están incluidos y que quizá alteren mi ritmo de lectura en el futuro. Por ejemplo, el tiempo meteorológico (hacía un calor espantoso, y eso me provocaba insomnio; en invierno, cuando estoy más soñolienta, será muy diferente), las actividades diarias, el cansancio físico y el tipo de lectura. Para hacer el experimento saqué un libro de mi autora favorita, Agatha Christie, para que la lectura sea ligera y no influya mucho en los resultados.

Teniendo en cuenta todos estos factores, hora de echar mano a la planificación. En primer término, quiero alternar libros largos con libros cortos y/o cuentos. Como siempre tengo en segundo plano a Guerra y Paz, que voy leyendo un capítulo de forma paralela al libro principal. Entre libro y libro también estoy metiendo algunos relatos de Asimov, Lovecraft, Poe, Chejov, Borges, etc.

Así que arrancamos con un libro breve de Shirley Jackson que ya tenía pendiente de terminar desde el año pasado. Y luego alterno con Liliana Bodoc, a quien también le estaba debiendo. Cancelado el pagaré del 2021, puedo entregarme tranquilamente al 2022.

Para eso quiero comenzar con Dark Water, una colección de terror japonés que ya había reservado hace tiempo, pero todavía no he tenido momento de adelantarlo en mi fila de lectura. Luego paso a Octavia Buttler, a quien tenía en mi lista desde hace muchísimo tiempo. La descubrí muy tarde, la verdad, y según lo que pude leer tanto en críticas, como en sinopsis, tiene historias muy originales que me suplican la lectura.

Después de eso mi calendario es el que sigue:

Mi plan de lectura 2022
Y todavía me queda la otra mitad del año

Como ven, uno de mis principales propósitos de este año es diversificar mucho más mi lectura, además de pegarle a mis palos. Por eso, la mayoría son de fantasía, ciencia ficción o terror, pero de orígenes muy diversos. Eso ayudará también a enriquecer mis ideas y ponerme en contacto con otros universos literarios.

También decidí incluir más del mundo científico y filosófico. La neurociencia es un campo que me apasiona, especialmente combinado con la psicología y la educación. En mi labor docente cada año tenemos muchas lecturas acerca del tema, pero prefiero también hacer mi propia bibliografía de una manera más pausada y estudiada.

La filosofía, si bien me atrae como temática general, no me estimula tanto como ámbito de lectura (sinceramente prefiero ver los videos de Abi en Philosophy Tube). Pero lo tengo como deuda pendiente para mejorar mi capacidad de reflexión y análisis.

Por último, la historia también es un tema que no puedo dejar de lado. Si bien siempre estoy en contacto a través de videos y artículos, hace tiempo que no leo un libro directamente enfocado en la historia. Así que hay que meterlo en algún punto.

Explorando nuevos temas
De estos sí que no tengo idea de por dónde comenzar.

Al final, tengo planeado leer 24 libros este año. Dos libros al mes y hasta ahora solo he planificado los seis primeros meses. Así que veremos qué tal queda eso.

Y ahora ¿Qué les parece esta forma de encarar la lectura? ¿Creen que funcionaría a ustedes? Pueden dejarme sus propias recomendaciones en los comentarios. Si lo hago más rápido de lo planificado, estaré agregando sugerencias de mis amigos y de mi público.

Por hoy, me despido. Hasta pronto y buenas noches.

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