El año pasado comencé con lectura de este gran clásico de la literatura y uno de los principales representantes de las letras rusas. Hice una detallada planificación, dividiendo la cantidad de páginas por cantidad de días para poder llevar un ritmo constante y terminar el libro en cuatro meses. Bueno, eso fue en septiembre del año pasado, o sea que me he excedido por cinco meses y todavía no he llegado a la mitad.

Todavía sigo leyendo Guerra y Paz
Todavía me faltan 1000 páginas.

Y no es que la historia carezca de su atractivo, ni que sea lenta o aburrida. Es como esas relaciones en las que dicen «no eres tú, soy yo». Tengo un problema para manejar la lectura de libros de más de 300 páginas.

Como lectora creo que soy más una corredora de tramo corto, así que hacer carreras de fondo me cuesta muchísimo. La mayoría de las veces prefiero leer cinco libros en una semana, que uno solo durante ese mismo tiempo, aunque sea exactamente la misma cantidad de páginas.

Cuando suelo conversar con otras personas acerca de libros largos, casi siempre salta la típica característica de los párrafos enormes y las descripciones detalladas. Sin embargo, existen varios estilos de libros largos y extensos. Tolkien, Dostoyevski y Victor Hugo corresponden más al estereotipo de los que engordan sus libros con detalles.

Hay otros, como el caso del que estoy leyendo, en que no es que haya detalles muy extendidos, sino que suceden muchas cosas. En Guerra y Paz se narra la historia de varias familias de la nobleza rusa. Algunos de sus integrantes se separan y el narrador los sigue a cada uno en su camino, entonces tenemos al menos siete hilos narrativos al mismo tiempo. Con eso se llenan decenas y centenas de páginas.

También tenemos el caso de Don Quijote de la Mancha, que es el libro extenso que más rápido he terminado: tan solo tres meses. Las descripciones no son tan detalladas como los diálogos y ni qué decir algunos monólogos, poemas y narraciones de algunos personajes. Incluso hay una novela corta metida por allí. Eso hace que el libro engorde bastante.

Por último, hay otro tipo de libros extensos que se alejan tanto de las descripciones, como de las acciones y los diálogos, para centrarse más en la reflexión. Libros que usan al narrador o a los personajes como excusas para hacer estudios filosóficos, teológicos o políticos. Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar, por ejemplo, intercala narración con reflexiones del personaje acerca de la vida y de su pasado. Mientras que en la Divina Comedia se expone todo el conocimiento de la época en los diálogos de los personajes principales. Aunque en este libro lo que más agranda son las numerosas notas al pie que se necesitan para entender todo el contexto de la conversación.

Libros universales
Aparte de las 800 páginas de obra neta, 200 más para notas al pie.

Según cada estilo, el libro extenso tendrá sus atractivos y sus defectos. Tolkien nos puede maravillar con sus paisajes de la tierra media y luego matarnos del aburrimiento al describir, una vez más, cada detalle de los accidentes geográficos de cada zona. Seguir a tantos personajes en una obra, como la de Tolstoi o George Martin, puede hacernos despertar la inquietud por tantas separaciones y reencuentros posibles, pero también puede confundirnos hasta hacernos olvidar quién era quién. Y si bien cada diálogo, monólogo y anécdota aportan puntos muy importantes en la trama de Don Quijote, hay discursos y poemas que realmente uno quiere pasar de largo (nunca le voy a perdonar a Cervantes lo del Curioso impertinente, menos después de saber por qué estaba metida allí esa novelilla).

Muy a pesar de que me molesta prolongar o multiplicar por varios días mis sesiones de lectura para terminar un libro, por lo general, tiendo a perdonar los aspectos que no me resultan atrayentes en favor de sus virtudes. Por eso todavía le estoy poniendo garra a la lectura de Guerra y Paz, también quiero saber si Napoleón le va a ganar a Rusia o no.

Además del motivo interno que corresponde a cada novela, hay otro externo que me impulsa a terminar los libros extensos o los que son un poco largos para mis preferencias de lectura. El mismo motivo que me lleva a comenzarlos en primer lugar. Sinceramente creo que comprometerse con la lectura de un libro extenso es un ejercicio de disciplina y formación del carácter.

Agarrar un libro de más de quinientas, ochocientas o incluso mil páginas requiere en verdad una especie de compromiso. Porque uno ya puede darse cuenta con leer la tapa de qué se va a tratar, o si es un libro clásico, ya se pueden encontrar adaptaciones de cine para ahorrarse el esfuerzo, si lo que uno quiere es simplemente conocer la historia y saber su final. Pero agarrar a leer el libro implica que uno quiere realmente entregarle su tiempo para que esas páginas dejen su huella en la vida del lector. Además del disfrute, en el libro extenso se busca el aprendizaje.

Transformación
Esa transformación también incluye no volver a leer un libro extenso.

Ahora, la lectura de un libro extenso requiere un enfoque diferente, en especial si se trata de uno que supera ampliamente el promedio de lo que se lee habitualmente (porque para algunos un libro largo será uno de más de 300 páginas, mientras que para otros recién a partir de las 600 se vuelve un desafío). Se trata de una ruptura en la zona de confort, así que se debe manejar con cuidado para que el reto no termine convirtiéndose en tortura.

En primer lugar, no hay que tomarlo con prisa. Hay que entrar con la idea de que la lectura va a tomar bastante tiempo y no hay por qué hacer una carrera con eso, a pesar de que hice esa analogía exacta al principio. Lo mejor es leer un capítulo o una cantidad fija de páginas por día para no perder el ritmo ni olvidarse de las tramas, que es el peligro más común con estos libros.

También conviene llevar anotaciones del libro, por esa misma razón. No solo nos ayuda a llevar a todos los personajes y subtramas en la cabeza, además, puede convertirse en una experiencia interesante para marcar el recorrido. Incluso se vuelve mucho más enriquecedor releer las notas después de haber terminado la lectura.

Para que la historia no sea muy absorbente ni cansadora, se puede mantener en forma paralela la lectura de libros más cortos. Es lo que ahora hago con Guerra y Paz, creo que ya leí más de una docena de libros en paralelo.

Por último, pero no menos importante, hay que considerar el soporte más cómodo para lectura. En mi experiencia, me he percatado de que termino estos libros cuando los leo en el e-reader, algo que me era imposible de hacer en papel. Quizá sea porque ver el porcentaje de lectura no me resulta tan intimidante como el volumen de las páginas. Tengo amigos que opinan todo lo contrario: pueden leer varios libros cortos en soporte digital, pero para los extensos necesitan el contacto físico del papel, sin importar que pesen más de un kilo. Esto quiere decir que cada uno debe buscar el soporte que más lo amigue a este tipo de lecturas.

Desafío mil
A ver en qué año termino.

Con todo eso, también puede haber mucha gente que de todas las maneras no logre llevarse bien con los libros extensos. Y tienen toda mi comprensión. Después de todo, si no es para disfrutar y crecer, mejor hacer otra cosa o tomar algo que vaya con nuestros gustos y capacidades.

En fin, cuéntenme cuál es el libro más largo que han leído, o si están habituados a leer a los bien gorditos. Yo sé que los seguidores de fantasía no les cuesta nada engullirse varios tomos de quinientas páginas así de seguido.

Ese es otro desafío que tengo que afrontar y superar por lo menos una vez en mi vida: terminar una saga. En serio, ¿cómo lo hacen para mantenerse enganchados con una historia tan larga? Te acepto un libro de tres mil páginas, pero ¡cinco de quinientas! Para colmo, algunas no tienen garantía de cerrar.

Bueno, ya me quejaré de eso en otro momento, ahora me despido, quiero saber qué anda haciendo la Natasha últimamente. Nos encontraremos la próxima semana. Hasta pronto y buenas noches.

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