Los sueños recurrentes atraen la curiosidad desde tiempos antiguos. Las historias sobre visiones oníricas que intrigan a ciertas personas (por lo general, reyes o príncipes) están presentes en todas las mitologías y tradiciones. Siempre hace aparición un personaje, sea mago o profeta, que trata de hacer de intérprete. En la actualidad también podemos encontrar manuales para entender su significado, porque las personas comunes también tenemos sueños recurrentes. De hecho, gran parte de mi inspiración se basa en ellos.

No todos los sueños tienen similar importancia. De hecho, ganan la atención cuando se repiten con cierta frecuencia, o siguen un patrón determinado. El carácter cíclico de algunos fenómenos oníricos es el que les otorga su relevancia.
En mi familia se le da mucha atención a los sueños. En primer lugar por estar enmarcada en una cultura que le atribuye la capacidad de transmitir mensajes y también de predecir la suerte. Así, mi madre y mi abuela siempre narran cuando ven a algún pariente fallecido en sueños, tratando de corroborar con la familia si lo han visto también y en qué condiciones se encontraba para elevar una oración por su alma o simplemente para saber de su estado actual en la otra vida. Y si se trata de número pues… hay que encontrar al vendedor de bingo más cercano.
Mis sueños también despertaron interés en mi familia. En realidad, toda mi actividad onírica, pues desde niña hasta la primera etapa de la edad adulta tuve toda clase de parasomnias. Pero al menos mi sueños eran solo llamativos, y no preocupantes o fastidiosos.
Pero en mi caso era por un matiz muy diferente, porque no sueño con números ni con personas fallecidas, sino con ruinas y personas extrañas. Lo llamativo en sí no es solo eso, sino que estos sueños suelen ser más nítidos, lógicos y estructurados que otros, mucho más ilógicos, banales o repetitivos.

De los sueños comunes me quedan pocos recuerdos, apenas una vaga idea o una impresión al despertar. Sin embargo, cada vez que estos mundillos se generan en mi mente, puedo retener imágenes claras, historias y personajes, a veces con tanta facilidad que me es posible esperar un tiempo para asentarlo todo en la cabeza antes de anotarlo. Incluso, si la historia se ha cortado por un brusco despertar bajo influencia de factores externos (con garras y maullidos), puedo acostarme y continuar donde la dejé. En una ocasión llegué ocupar dos noches diferentes, aunque consecutivas, en el mismo sueño.
Debido a esto, comencé a usar un diario de sueños. También empecé a investigar la forma más fácil de inducir, memorizar y controlarlos. Y es que, por más claros y definidos que sean, son de frecuencia escasa. Ocurren más o menos una vez cada dos o tres meses. Así que me propuse entrenarme.
Los resultados no fueron inmediatos, también se debe a que me cuesta mucho mantener las rutinas. Sin embargo, he conseguido anotar algunas secuencias muy definidas. Casi siempre el inicio es difuso, como en todos los sueños; es la parte más difícil de recordar. En la mayoría de los casos cuento con un guía, una persona completamente desconocida para mí en la vida real, pero que en el sueño se manifiesta como una presencia cordial y respetuosa, como alguien que acabo de conocer. Ese guía me lleva al edificio en cuestión y me muestra sus secciones mientras me narra la historia asociada a él.
Podría consultar con mi familia e incluso en internet en busca de explicaciones intrincadas, pero a mí me gusta lo sencillo y obvio: me encanta leer, además, soy escritora, por supuesto que van a pasar este tipo de cosas. ¿Pero por qué edificios antiguos? ¿Por qué aparecen los guías y todo los demás? Bueno, supongo que una vez que tuve los primeros sueños así, el resto siguió un patrón definido.
En cuanto a los edificios en ruinas, también tiene explicación relacionada con mi curiosidad y mi actividad como escritora. Cada vez que leo acerca de una civilización antigua y veo imágenes acerca de sus grandes palacios y templos derrumbados me pregunto cómo se habrá visto en la época de su gloria, cómo circulaba la gente por sus pasillos, de qué hablaban, qué actividades realizaban allí. Lo mismo me ocurre cuando veo casas viejas y edificios no tan antiguos, pero en malas condiciones. Y Asunción me ofrece muchas opciones de ruinas para observar. Así vuelven las mismas interrogantes: ¿por qué habrá cerrado este negocio? ¿Cómo era en su época de esplendor? ¿Qué clase de familia habrá vivido aquí? ¿Qué se hizo de sus descendientes? ¿Con qué propósito pusieron esa escultura o esa columna?

Creo que esas imágenes, más todo un caudal de lecturas, alimentan a mi agitado cerebrillo que de vez en cuando se luce con estas elaboradas presentaciones. La verdad que estoy muy conforme con eso, y quiero que ocurra con más frecuencia. Por eso me estoy entrenando oníricamente también.
Aparte de eso está este misterioso personaje que solo apareció un par de veces en mis sueños, pero que me intrigó tanto, que automáticamente asumí que sería la protagonista de otros sueños igual de particulares: Marceline Antoni. Solo recuerdo que así me llamaron en dos sueños diferentes en los que yo no era yo, sino este personaje (no sé si me explico). Y dado que en estos sueños narrativos mi personalidad están extraña e incoherente con respecto a lo que soy en el mundo de la vigilia, siempre me he quedado con la idea de que yo no estoy viviendo esos sueños, sino que los veo en primera persona, a través de los ojos de otra persona.
Como dice mi lema, soy escritora hasta cuando duermo, entonces tengo que usar un narrador. El autor y el narrador no son lo mismo. Y creo que eso se ha grabado hasta mi inconsciencia.
Hace poco compartí estas anécdotas con otras personas fuera de mi ámbito familiar y se divirtieron mucho con ellas. También se las conté a una estudiante que luego me propuso la gran cuestión: «¿Por qué no lo publicás oficialmente, como una de tus obras?». La verdad, en ese momento no le respondí, pero sí que me sentí bastante… tontuela, por no decir una palabra más malsonante.
Si bien estos sueños han inspirado varias de mis obras, nunca se me asomó la idea de publicarlos directamente. A lo mejor no sirven como narraciones íntegras porque les faltan muchos detalles y bases, pero tal vez a alguien más le sirva como base para una gran historia.





Próximamente en mi Instagram: @gaby_azzarini
Dicho esto, síganme en Instagram, allí estaré publicando todos los miércoles. No los traigo aquí porque no sé si encajarían bien con el formato de estos artículos, además me gusta combinarlos con imágenes lúgubres en blanco y negro. Para mí estética personal, todo lo misterioso y terrorífico se acentúa con la ausencia del color y el juego del claroscuro.
Bueno, creo que se me hizo largo a para una simple presentación. Y qué me dicen ustedes ¿tienen algún tipo particular de sueño recurrente? ¿Les gustaría llevar un diario de sueños? Les aseguro que es mucho más fácil e interesante que uno de memorias.
Por ahora dejo la pantalla para ver si mi cerebrín prepara una narración compleja y elaborada, o se pone a mezclar al azar todo lo encuentra en mi baúl neuronal. Hasta pronto y buenas noches.