Desde que escribí mi artículo sobre fantasía, me quedé un poco dolida por haberme referido a los dragones de una manera tan despectiva. No creo que semejantes bestias (si existieran) se vieran afectadas por el comentario, pero de todas formas me hizo sentir como si les hubiese tratado de manera injusta.

Ejercicios creativos acerca de dragones
Debido a la sobrepoblación de dragones, recomiendo siempre adoptar y no comprar.

De entre los animales mitológicos que existen en toda la amplitud de las culturas y tradiciones humanas, los dragones tienen un lugar bien asegurado en mi lista de favoritos. Y creo que también son los favoritos del homo sapiens en sí porque es una figura que está presente, y adaptada a diversos formatos, en todos los extremos del globo.

Esto plantea un problema de inicio, porque primero tenemos que pensar qué es un dragón. Yo no me complico, eso se lo dejo a los puristas de la fantasía y la antropología. La palabra dragón tiene raíces en un vocablo griego que significa serpiente. Además, los primeros dragones apenas tenían sus rasgos definidos, como si todos ya supieran cómo se veían a pesar de… no haberlos visto jamás. Lo que quiero decir es que en este artículo usaré el término dragón según su significado más laxo y abarcante: criatura monstruosa con rasgos de reptil.

Una vez hecha esta aclaración, comenzaremos a ver dragones en todas partes: en Europa, como aquellas bestias que custodiaban tesoros; en Medio Oriente, como criaturas malignas y destructivas; en el Extremo Oriente, como símbolo de sabiduría y poder; en América con rasgos divinos y conexiones con fuerzas naturales… y luego ya nos encontraremos con toda una variedad de derivados y adaptaciones modernas.

¿Pero qué tienen de tan espectacular los dragones? O la pregunta quizá debería ser: por qué poner a estos reptiles gigantes en el centro de tantas historias mitológicas.

Dragón falsificado
Esas quimeras que tratan de engañar con su oro de tontos y sus esmeraldas de vidrio pintado.

Partamos de su raíz: las serpientes. Estas adorables criaturillas están metidas hasta en el océano, por lo que gran cantidad de culturas humanas en algún punto tuvieron algún contacto con al menos un tipo de serpiente. Su forma bastante particular y sus habilidades especiales (trasladarse sin patas o aletas, matar de un mordisco, así nomás ya suenan a superpoderes) debieron desconcertar a nuestros antepasados al punto de agregarle más habilidades especiales.

De hecho, si sacamos a los dragones del cuadro, igual tenemos a miles de serpientes ocupando importantes puestos en diversas mitologías. En la tradición judía aparece desde el inicio de la humanidad; los nórdicos tiene una que espera el inicio del fin de los tiempos; se cuelan en diversos mitos griegos como monstruos castigadores; y en varias tradiciones asiáticas y africanas tienen un rol muy importante, tanto a nivel simbólico como práctico. De hecho, si nos metemos en la mitología egipcia, allí encontraremos más serpientes que en el vagón donde cayó Indiana Jones.

Por eso no es extraño que el dragón sea como una evolución mítica de este animal que ya tiene su grado de importancia cultural. Se le agregan algunos atributos y poderes, se le combina con otras bestias, y allí podemos sacar varios estilos de dragones.

Receta para crear dragones
Siempre hay un camino fácil para todo.

Quizá los dragones europeos sean los más alejados de sus ancestros en su aspecto físico, ya que se les agregan patas y alas, además del notable atributo de lanzar fuego. Los chinos y japoneses tuvieron más sutileza, si bien también agregaron patitas, y otros accesorios dependiendo de la versión, respetaron la forma sinuosa y flexible tan característica de los ofidios. En Mesomérica lo combinaron con características de otros animales muy respetados: las aves, aunque habrá quienes digan por esto que no se puede sumar al grandioso Kukulkan o Quetzacoatl al club draconiano.

Pero no solo hay gran diversidad de formas y colores para los dragones. Los significados también pueden ir de un extremo a otro. En oriente se los ve como representantes de valores positivos mientras que en occidente tienen connotaciones más oscuras. Pero aún así comparten una idea: poder, sea este como un bien que se debe manejar con cuidado y responsabilidad, o como una fuerza corruptora y destructiva.

Por eso vemos a los dragones europeos custodiando tesoros, como en las historias de Beowulf y Sigfrid. Ambos, son custodios de un poder antiguo, acaparadores de objetos mágicos y valiosos, recelosos de todo aquel que quiera venir a arrebatarlos. En Oriente, también suelen referirse como dragón a una persona que ha logrado dominar el poder espiritual. Puesto que allí el dragón es más que una criatura monstruosa, llega incluso a un rango de divinidad.

Y creo que este el punto en el que se basa su encanto. Un ser tan poderoso, asociado a una imagen tan difundida, por supuesto genera un atractivo único en la humanidad. Esto hace que se perpetúe su influencia y se extienda su popularidad.

Dragón volcánico
¿Para qué volar si se puede contar con el factor sorpresa?

Lastimosamente, su fortaleza también puede ser parte de su debilidad. Cuando un fenómeno tiene tanto alcance, cuando abarca tantos ámbitos, es común que se genere una saturación. Y esto es mucho más notorio en el mundo de la fantasía, en donde los dragones son como propietarios de un feudo propio.

Vemos a los dragones europeos siempre presentes en la ficción con fondo medieval o incluso si esas conexiones son muy tangenciales, mientras que los dragones chinos y japoneses invaden las películas de artes marciales (más de manera simbólica que física) y el manga/anime. Llegamos a cierto punto en que no podemos hablar de fantasía sin mencionar a uno de estos tipos de dragones.

Al final nos encontramos con miles de obras que nos presentan dragones muy genéricos. La mayoría son copias de los cuentos de hadas o peor, estereotipos gastados sin ningún fundamento cultural. Y no hace falta un doctorado en antropología para diseñar un dragón memorable. Basta con ponerle un poco de esfuerzo e investigación al trabajo.

Cómo hacer dragones en serio
O por lo menos pónganle un nombre decente.

Me entusiasma ver, por otra parte, que hay cada vez más autores que se abren a nuevos enfoques y monstruos. Hay toda una variedad de seres que pueden tomar el relevo de los dragones para dejarlos descansar un poco. Tenemos a los grifos y a sus primos, los hipogrifos; a las tarascas, mantícoras, quimeras y otras abominaciones; a los bíblicos Leviatán y Behemot; y si quieren más serpientes están la hidra, el basilisco y la cocatriz. Y no olvidemos al Ruc, una de las criaturas mitológicas más poderosas, y además es muy elegante.

En mi caso, y casi con disgusto, he desterrado a los dragones de los proyectos en los que trabajo actualmente. Comparto esa enorme fascinación por esas bestias emblemáticas, pero simplemente no puedo escribir, ni crear dragones sin sentir que estoy colaborando con la superpoblación y el desgaste de estos magníficos personajes.

No es una decisión definitiva. Quizá más adelante me decida a crear una historia con un tipo de dragón que no sea el refrito de todos los que ya existen. Es decir, si voy a crear uno, al menos espero que sea memorable.

dragones de Komodo
Estos son los dragones que tenemos en casa.

Y ustedes ¿qué piensan de los dragones? ¿Les gustan o ya están cansados de ellos? O están igual que yo, con un poco de ambos. Pueden recomendarme también algún libro, serie, cómic u otra pieza de ficción en donde hayan visto un giro original para estos monstruos tan populares.

Por ahora ya tengo que ir a dejar que mi cerebrín comience su labor en segundo plano. Nos encontraremos la próxima semana, hasta pronto y buenas noches.

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