El viernes pasado durante el día del libro estuve repasando por varios sitios tanto en redes sociales como en páginas webs que mostraban las toneladas de opciones de libros para comprar, vender, regalar, etc. Me surgieron varias preguntas, algunas cómo escritora (¿habrá lectores para tantos libros?) y otra como lectora (¿cuánto leo realmente? ¿cuánto debería leer?), y finalmente regresó a mi memoria un video acerca de las librerías más hermosas del mundo y la fiebre por comprar libros que posiblemente acaben apilados en alguna esquina.

¿Cuántos libros tenemos que leer?
Suena fuerte «tenemos que» en la pregunta, pero nadie se da cuenta cuando se lo tira a otra persona.

La verdad nunca fui de comprar libros de manera compulsiva ni de acumularlos en la mesa o en las estanterías. Solo porque nunca me dio el dinero para eso. Después de acceder a opciones digitales mucho más adecuadas a mi billetera, comencé a acumular EPUBs y MOBI en mis bibliotecas digitales. Al abrirme la cuenta en Goodreads se me hicieron más grandes los cuestionamientos: ¿acaso no leo lo suficiente? ¿Tengo que leer más libros? ¿Debo usar mis tiempos muertos para leer? ¿Disminuyo mis horarios de sueño? ¿Me entreno para leer más rápido?

Entré en un etapa en que me agarraba más ansiedad por terminar un libro y pasar al siguiente, que por el misterio y el suspenso que debería generarme. No era solo el problema de compararse con otras personas que leen entre 8 a 12 libros por mes (que para mí es francamente imposible, en serio no sé cómo lo hacen), sino también de ver que hay tantas obras que me interesan y otras que se interponen, y otras que me atraen, y otras que me beneficiaría leer, y otras que debería estudiar, y otras más…

Miraba los clásicos y sentía que no había llegado a cubrir ni los 100 más importantes. Y todavía me queda muchísimo de literatura actual por leer. Apenas uno de cada diez libros que leo se escribió hace menos de veinte años. En serio, la mayoría de los autores que he leído están bien muertos. Y a veces siento la obligación de leer unos porque eso me beneficia en cuanto a mi acercamiento a las culturas y a la naturaleza humana. Y tampoco puedo perderme de lo último, pues no puedo estar desconectada del mundo en el que vivo en la actualidad.

Hay veces que realmente me quedo sin leer por el simple hecho de que no puedo decidir qué empezar. Aunque también hubo una época en que leí tantos libros de corrido sin terminar de digerirlos que me saturé. Y con eso dejé mi desafío de lectura sin terminar.

Cuánto leen los jóvenes.
Volvemos a la siempre vigente cuestión de la calidad y la cantidad.

Por eso me sentí muy identificada con el protagonista del video que les mencioné al principio. Pues también comenzó a explorar un montón de métodos para leer más, para encontrar tiempo para leer, para comprender mejor lo que leía. Y la conclusión a la que llegó fue… hermosa, creo que es la única palabra que podría describirla mejor.

Leer no es una carrera ni una competencia. Es un disfrute y una pasión. Lastimosamente olvidamos esto con frecuencia. En especial cuando empezamos a juzgar a las personas (incluso a nosotros mismos) por cuánto leen, cómo leen y qué leen.

Algo que suelo notar mucho en las comunidades de lectura es esta competencia. Además de las rivalidades del papel contra los medios digitales, o de la alta literatura contra los best sellers. Lo peor del caso es que muchos de los que caen en este remolino son nuevos lectores, los más delicados, quienes apenas están con sus primeros acercamientos y ya se encuentran con un bombardeo de prejuicios.

Leer no es una competencia
Ahora sí, lo de «té vs. café vs. chocolate caliente» como compañero de lectura sí es una competencia seria.

Esta mentalidad también suelo verla implantada entre los adultos y se dirige con más fuerza contra los jóvenes. Como profesora a mí a veces me asusta como algunos lectores adultos exigen que los adolescentes tengan ya leídos los clásicos grecorromanos, más algunos medievales cuando apenas están formando su criterio para evaluar el mundo.

Yo apenas me animo a darle cucharaditas y enseguida retrocedo si no da resultado, porque lo peor que se le puede hacer a un nuevo lector es obligarle a leer. La lectura debe surgir como parte de la curiosidad y el interés innato de los seres humanos, como una contemplación de la belleza. No como un trabajo pesado.

Si queremos expandir la lectura de los clásicos, o de lecturas más complejas y profundas de entre las publicaciones contemporáneas (porque hay muchas, aunque no se las mencione), debemos utilizar estrategias de seducción en lugar de ataque. Además, me parece también de gran importancia que se dé también su lugar a culturas diferentes a la nuestra, lecturas para conocer otros mundos. No solo los clásicos y los nombres famosos de siempre. ¿Quiénes saben de escritores de África, Medio Oriente, del Sudeste Asiático, de Centro América y del Caribe? Ellos existe y se merecen un lugar también.

Pero ante todo, la lectura debería servirnos para derribar prejucios, no para construir más de los que ya tenemos. Si alguien prefiere escuchar un audiolibro, no significa que «haga trampa» o «no sea un verdadero lector». Para muchos disléxicos es casi la única forma en que pueden sentirse cómodos frente a un libro. Y por favor, no me vengan con la pelea digital vs. papel, que con tanta tecnología para proteger la vista y simular el movimiento de las páginas, las excusas se vuelven absurdas.

Pienso que lo más importante en esta cuestión es reencontrar la lectura y los libros con su esencia: la comunicación. Comunicación entre el autor y el lector, y también entre lectores y con otros lectores, y los lectores con su mundo interior. Porque gran parte de formar un hábito de lectura también es reconocerse a sí mismo, descubrir su conexión con otras personas de su tiempo y con humanos del pasado. ¿Acaso todo eso no es hermoso?

Prejuicios
Hasta el refrán más conocido contra los prejuicios hace referecia al libro.

Y en cuanto a la pregunta de arriba ¿cuántos libros deberíamos leer al mes, al año o en la vida? Pues despuést de todo esto concluyo lo siguiente: todos los quieras, todos los que puedas y todos los que disfrutes.

Espero que no les haya liado la cabeza con tanto cuestionamiento. Compartanme en algún momento alguna experiencia de lectura que les haya revelado algo importante de ustedes o del mundo. Yo por ahora sigo decidiendo qué libro voy a leer, así que no me sumen muchas recomendaciones jeje.

Si quieren probar si hacen conexión conmigo a través de la lectura de ficción, también pueden pasar a mi (todavía) pequeño catálogo de obras que está abierto, o también pueden ver mis recomendaciones en Goodreads aquí a la derecha. Por hoy me despido, hasta pronto y buenas noches.

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