Ya había tocado el tema en una ocasión anterior acerca de cómo la creatividad era desalentada en el proceso escolar. La verdad, este es un tema controvertido y terrible porque hay muchas medias verdades, análisis superficiales y chivos expiatorios sobre este problema. Y es un problema, porque se trata de una habilidad que se está volviendo cada vez más valiosa en el entorno laboral y personal. Exigimos cada vez más creatividad, pero no la fomentamos o no sabemos cómo hacerlo. Comenzar a trabajarla desde adultos es posible, pero, como en todo, mientras más temprano se empiece, los resultados serán mejores.

Antes que nada debemos reconocer que el problema educativo no solo involucra a las instituciones (escuelas, colegios, universidades, ministerios u organismos educativos en general), sino que parte del entorno mismo en el que se gesta el concepto de educación. Porque el moldeamiento de un sistema educativo es responsabilidad del gobierno y de la sociedad en forma conjunta, y esto abarca a las familias, que se encargan de seleccionar según sus criterios a qué escuela quieren enviar a sus hijos, además del sistema laboral, para el cual se preparan los estudiantes.
Si la comunidad y su marco cultural no valoran la creatividad, entonces, esta nunca será vista como prioridad en las instituciones educativas. Y no me refiero a la creatividad artística o tecnológica, que es lo que todo mundo piensa cuando se habla de este tema, sino a todas sus formas, como parte del proceso de resolución de problemas.
Otra cuestión importante es saber por qué ocurre esto. Pareciera que cuando se trata de este tema la gente tiende a creer que hay un oscuro poder que intenta alienar a las personas para convertirlas en seres sin alma. Y la verdad, este es un problema tan antiguo que cuesta entender por qué no se ha resuelto todavía. Si vemos la historia de la pedagogía, podemos rastrear situaciones análogas en la Antigüedad. Depende de cómo se mire el vaso, esto puede ser tranquilizador (no es un problema de ahora nomás) o deprimente (entonces nunca vamos a cambiar).
El problema básico, en mi opinión, es que hacemos todo sin darnos cuenta y de la manera más cómoda y conocida posible. Y la creatividad se trata precisamente de salir de lo cómodo y conocido para probar lo nuevo. Trabajar esto con niños y jóvenes es correr varios kilómetros extra, porque, como ya sabemos, ser creativo no solo implica salir de nuestra zona segura y conocida, sino también tener cierto orden para que esas nuevas ideas sean realizables.
Puedo decir que me pasé la vida en medio de este conflicto, pues crecí en una institución educativa que valoraba la obediencia muy por encima de la creatividad. Y, por cosas de la vida, siendo ya profesora fui a parar a una institución en la que el proceso creativo es uno de los pilares fundamentales. Sobra decir que me costó bastante adaptarme, pero después de todo mi crecimiento fue enorme.
A partir de esa experiencia, y de muchas investigaciones que suelo hacer, para mis clases y para mi propio desarrollo, aquí comparto algunas herramientas para potenciar la creatividad de niños y jóvenes, que también podrían ser útiles para los adultos.
Todos somos diferentes
Hay que partir de la premisa de que la creatividad se manifiesta de maneras diversas porque somos personas diversas. No es necesario ser un gran inventor o artista para poner en práctica el proceso creativo. Lo fundamental es encontrar el área de interés o la aptitud del niño (joven o adulto, esto se aplica a cualquier edad). Necesitamos indagar acerca de sus conocimientos previos y conectarlos con nuevas experiencias.
Por otra parte, además de las diferentes formas, la creatividad viene en varias velocidades. Cada uno tiene sus tiempos, forzar el ritmo de aprendizaje solo generará estrés y eso puede crear asociaciones negativas en el cerebro. El aspecto emocional es fundamental para la creatividad y el aprendizaje, por eso debemos ser cuidadosos en este punto.

Fomentar la curiosidad
Aunque nos incomoden las preguntas, tenemos que aceptar que estas son herramientas para el desarrollo de la creatividad y el aprendizaje. Pero las preguntas también tienen que ser de ida y vuelta. Más importante que dar respuestas es que los niños aprendan que ellos mismos pueden generar su propio conocimiento. Devolver las preguntas, ayudarlos a experimentar, guiar sus búsquedas les será mucho más útil que darles una respuesta directa y definitiva.
Incluso cuando proponen algo disparatado (o que a nosotros nos parece disparatado, quizá), no es necesario «sacarlos de su ignorancia». Por el contrario, devolverles el desafío para que ellos encuentren la falla en su razonamiento les mostrará una manera efectiva de construir conocimiento y crear nuevas ideas.

Perder el miedo a las equivocaciones
Uno de los más grandes obstáculos al desarrollo de la creatividad, y al aprendizaje de cualquier habilidad, es el miedo al fracaso. Y esto se vincula con el castigo a las equivocaciones. No se trata de dejar pasar los errores y valorar solo el esfuerzo y quedarse a medias. Sino de mostrarle que se puede mejorar y que una vez que se encuentra el error, hay maneras de corregirlo y superarlo.
También se debe dejar en claro el por qué es necesario reparar el error antes de continuar. Las consecuencias no son lo mismo que los castigos. «Si tu dibujo está mojado de tinta, el papel se romperá y ya no podré guardarlo. Mejor lo hacemos con más cuidado y así durará más tiempo». Eso es muy diferente a decir: «esto está mal y hay que hacerlo todo de nuevo».
En esta etapa es muy importante establecer la importancia del orden, la pulcritud, la disciplina y la perseverancia como parte de la creatividad y del aprendizaje. Pero se debe dejar en claro desde el comienzo por qué son importantes y no plantear estos aspectos como parte de una normativa establecida «porque sí». Y por sobre todo, tener en cuenta la edad y las etapas de los niños, que no se acaba el mundo si la criatura no es un Picasso o un Tesla a los cuatro años. En el otro extremo, tampoco es agradable dejarlos redecorar la casa del vecino.

Pensar en varias rutas
Uno de los mejores ejercicios para desarrollar la creatividad a cualquier edad es pensar en alternativas para determinadas situaciones. A veces nos acostumbramos a hacer nuestras tareas cotidianas siempre de la misma manera, porque así nos enseñaron o porque pensamos que es la forma más rápida. Pero si analizamos la situación y buscamos alternativas, no solo colaboramos a que nuestro cerebro se despierte y mueva ciertos engranajes que tal vez no sabía que estaban ahí cerca. Incluso podemos encontrar alguna forma más eficiente de hacer un trabajo que siempre hicimos igual por no conocer otra manera.
Esto mismo se puede aplicar con los niños desde las más tempranas etapas. Darles un problema sencillo, adecuado a su edad, y que busquen sus propias formas de solucionarlo, es un ejercicio creativo y a la vez entretenido que les agitará las neuronas y los preparará ante situaciones más prácticas.

En síntesis, la creatividad no es un elemento mágico que poseen los genios, es una habilidad que todos los seres humanos podemos desarrollar, y si lo hacemos desde pequeños, mucho mejor. Por eso, hay que repensar la educación desde este punto de partida. Y también tenemos que considerar que la educación es mucho más que un asunto de escuelas y organismos gubernamentales o privados, es la responsabilidad conjunta de toda una comunidad. Si queremos educar, tenemos que evaluar nuestra educación primero. Si esperamos potenciar la creatividad, debemos empezar por valorarla y desarrollarla en nosotros mismos.
Espero que estos ejercicios les sean útiles tanto para quienes están en contacto con niños, como aquellos que quieren trabajar con su niño interior. También me gustaría que compartan sus experiencias, ya que más adelante aplicaré algunos de estos principios a mi área concreta, que es la escritura, y más específicamente, la ficción. Por ahora, dejaré que mi cerebro desarrolle su área creativa sin intervención consciente. Hasta pronto y buenas noches.