Creo que no hace falta hablar mucho de lo importante que es la lectura en los diversos aspectos de la vida. Puede que no sea una actividad fundamental, pero sí que enriquece la vida de las personas en varios aspectos.

Por otra parte, hay mucho que decir todavía acerca de cómo debe hacerse la lectura, si es que puede haber una prescripción sobre esto,antes que nada. Hay gente que le gusta leer, pero le cuesta encontrar tiempo. También están los que te leen sesenta libros al año, aparte de hacer otra millonada de actividades y una se pregunta si tienen superpoderes o qué. Y no hay que olvidar a aquellos que quieren disfrutar de la lectura y todavía les falta agarrarle el encanto, aquellos que están tratando se encontrar su aproximación a los libros, los que intentan construir su hábito.

Para este último grupo hay miles de consejos en internet, muchos quizá parezcan contradictorios entre sí. Hay suficientes para todas las personalidades, según mi parecer, y solo hay que probar hasta encajar con la estrategia que más le corresponde a uno.

Construyendo el hábito de la lectura: los relatos
O también: cómo iniciarnos en la lectura sin ahogarnos en el intento.

En mi caso yo tardé más en encontrar tiempo y constancia para leer. Mis niveles de energía para realizar cualquier tipo de actividad fluctúan bastante durante el día y durante el año, por lo tanto, una rutina muy severa no va conmigo. Empecé a leer de manera más frecuente a la noche por el silencio y también en el otro extremo del espectro sonoro, en el transporte público. Claro, teniendo auriculares y un largo itinerario que recorrer, por qué no aprovechar ese tiempo muerto. Lo importante es juntar al menos treinta minutos para enfocarse, mucho más no se necesita.

Como parte de la formación del hábito, no solo se debe encontrar el tiempo y el espacio, también hay que responder a dos preguntas más: qué leer y cómo leer. Porque siempre se les aconseja a todos que lean los clásicos, que, según los lectores más experimentados, es lo que vale la pena leer. Y si bien estoy parcialmente de acuerdo con esta última afirmación, no le recomendaría a una persona que nunca agarró un libro en su vida que comenzara con la Ilíada, Don Quijote y Los hermanos Karamazov (tenía dieciocho cuando lo intenté, terminé por lograrlo a los treinta).

El proceso de lectura es algo que se construye con paciencia y no hay por qué apresurarse a atragantar a la gente con alta literatura que al final no podrá apreciar en toda su genialidad. Y sí, la vida es corta, pero para ciertos procesos no se puede jugar con el tiempo. Por eso es tan importante construir un hábito desde pequeños, pero ya hablaré de ese punto en otro momento.

Tampoco estoy muy de acuerdo con atiborrar de lecturas muy blandas. Podemos comenzar desde allí, que siempre hay buenas opciones, pero en algún momento hay que salir de la zona de confort y arriesgarse a lo complejo. Por fortuna, siempre encontramos libro que están en el medio. Sinceramente, pienso que estos tienen cierto toque de genialidad, pues hay que ser un verdadero virtuoso para conquistar al público general sin perder algo de estilo.

Diferencia entre relato y novela
Y con la suma de los hechos, se puede llegar a conocer el mundo.

En esa estantería están los relatos, sea que uno los agarre como solistas o dentro de su banda, una colección o antología. Los relatos son mucho más accesibles que las novelas, tanto en complejidad como en lenguaje, y no pueden abrir las puertas y ventanas a todos los beneficios que nos ofrecen las grandes obras.

¿Y cuáles son estos beneficios? Más allá del elemento estético de la palabra, que puede llegar a ser muy subjetivo, para mí lo más valioso de una literatura está en el universo que comparte. Cada obra se asienta en un contexto de tradiciones, conflictos, logros, tanto personales como colectivos que nos mueven a ver la vida desde una perspectiva diferente.

Y más que nunca me confirmé en esto cuando comencé a leer Kwaidan, una colección de relatos tradicionales del Japón compilada por el escritor británico, naturalizado japonés, Lafcadio Hearn (Yakumo Koizumi). Lo que más me atrajo de estos relatos, además de la sencillez de su presentación, es que el autor/compilador no agregó ningún juicio propio acerca de la cultura sembrada en las historias. Él sencillamente se propone como intermediario entre las narraciones y el mundo exterior.

Por otra parte, también sigo leyendo, uno por uno, los cuentos de diversas colecciones de Isaac Asimov y H.P. Lovecraft. Ambos. con sus luces y sombras (el segundo mucho más ensombrecido), marcaron hitos en la literatura de la ciencia, la fantasía y el terror.

Asimov es de los que más sabe manejar aquel componente de la ciencia ficción y la fantasía que a mí me deslumbra: el «¿qué pasaría si…?». En cada relato propone una situación totalmente imposible o quizá posible en un futuro muy lejano, o en una galaxia a millones de años luz, y la analiza a través de historias a menudo graciosas, reflexivas o incluso tragicómicas.

Lovecraft, por otra parte, también utiliza el mismo componente con mucha frecuencia, pero lo que a Asimov le produce maravilla, a él lo lleva al terror. Siempre se le ocurren las peores consecuencias posibles (o no tan posibles, le tenía miedo hasta al aire acondicionado). La especulación entonces exaspera el tan tradicional miedo a lo desconocido.

Terror y fascinación
Así comenzó mi insomnio.

De estas tres colecciones he tomado varios relatos para el trabajo con mis estudiantes. Así que están más que recomendados para aquellas personas que se inician en la lectura de clásicos y todavía sienten un poco de escalofríos al tomar un libro de más de cien hojas, o más de cien años.

Claro, siempre hay que hacer un poco de ejercicio mental y de comprensión al enfrentarnos a libros de otras culturas o tiempos distintos. Sabemos que Asimov no era un maestro de la prosa y a menudo se pierde un poco en los tecnicismos. Lovecraft abusa de los cultismos y las adjetivaciones, además de tener una visión más que prejuiciosa sobre muchos grupos étnicos (era racista incluso para los estándares de su época, pero por fortuna hay cuentos en los que no se trasluce esta característica). Y en Kwaidan, ya que hablamos de una cultura diferente, en un tiempo también muy apartado del nuestro, las situaciones, los nombres e incluso ciertas formas narrativas nos pueden parecer extrañas.

Por eso, en la lectura también uno debe mostrar también una mente aventurera. Debemos aproximarnos a esta etapa de la construcción lectora sin obligación ni prejuicio. Y si nos encontramos con algo que nos deja trabados, bueno, entonces a pasar a otro libro, pero que sea después de haberlo probado.

Ahora termino y de paso les dejo una breve lista de los relatos que más me han gustado hasta ahora de las tres colecciones que ando leyendo.

Relatos recomendados
Aquí faltan dos o tres docenas más, pero en algún momento tendré oportunidad de mencionarlos.

Por supuesto que hay muchos más autores de relatos que son geniales para iniciarse en los clásicos, pero de ellos hablaré en otra ocasión, que ya voy sintiendo la llamada del sueño. Hasta pronto y buenas noches.

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